Dolor y perdón

Ahora me propongo perdonarlo todo
para dejar limpio mi corazón cansado
dispuesto solo a la fatiga del amor.
Así es que los culpables directos de mis furias
los arduos artesanos de mis penas
son inocentes después que firme este poema.
Nada tengo ya contra quienes usaron mi vida
mi única y pobre vida pasajera
para tocar la gloria y vivir en su vana geografía.
Comprensión y complicidad ante las dulces muchachas
trasvestidas de brujas
que solían dejarme en la ciudad estrujando mi sombrero de paño.
Absueltos los difamadores y los tontos
olvidados los policías que me hostigaron
borrados de la memoria los que asaltaron mi casa con una orden de registro.
En un limbo de otra constelación
el que firmó la orden
y ordenó los castigos.
Un poco mas allá
el que hizo salir a mi hija Cristina de su patria
y a mí de la razón.
De estos miedos y esas ansiedades
de esta estación de escombros y fulgores
tienen la culpa los días de la semana.
Esos lunes con filo de navaja
los martes romos, neutrales y tenaces
y el día miércoles con sus ínfulas de puente corroído.
El jueves con cara de extranjero
el viernes y sus ríos de vanidades
el sábado traidor y encapotado.
Los domingos pueriles y vacíos.
Ellos son, seguramente, los culpables
empecinados en la servidumbre
del Padre Tiempo Eterno
que hoy dispone mi vejez
para que olvide.
Raúl Rivero Castañeda (Morón, 1945).


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